La venganza de la gansa

Todo empezó en una oficina hace más o menos cuarenta años.
Zaza atraía todas las miradas, era una mujer desenfadada y atractiva, pero bastante menos bella que sus compañeras de trabajo. Ello sin embargo, no la disminuía; su encanto y su sensualidad, provenían de su simpatía o de su cuerpo. Usaba finos vestidos y sentada frente a su escritorio, siempre agrupaba a los hombres de la oficina a su alrededor, pues estos adoraban sus modales y su garbo.
Tanta pasión despertaba Zaza que, si alguien se arriesgaba ofenderla, recibía un castigo en represalia. Así por una ofensa, sucumbió Ernesto, un argentino de veinticinco años.
Alegre e impulsivo, Ernesto había sido uno de los amantes de Zaza. Pero era de esos Gigolós a quienes les costaba controlar sus emociones, y por eso mismo hacía muchos escándalos.
En una de tantas grescas le cayó un palazo en la cabeza. La extinción del argentino, a la hora en que el músculo duerme y la ambición descansa, fue un accidente: de hecho su violento agresor no quería eliminarlo para siempre. El pobre murió desnucado y Zaza lo lloró pocos días.
Algunos años después, el Mellizo, un piurano conocido también como “el cevichero”, había deslumbrado la imaginación de Zazi con estupendas cenas, diciéndole ser dueño de inmensas tierras, mucho ganado y numerosos pozos de petróleo en su hacienda; consiguiendo ganarse las más vívidas escenas de amor que el cuerpo de Zaza le inspiraba.
El patrimonio del Mellizo estuvo siempre ligado a la fantasía de Zaza. Nadie, eso sí, llegó a conocer esa misteriosa fortuna; nadie supo tampoco como se las arreglaba para gastar cada cierto tiempo capitales nuevos.
De hecho el Mellizo era un tipo astuto, semejante a otros de su tierra, chismorreaos, maleteadores y conformistas que sobrevivían gracias a que perfeccionaron su marrullería y la trasformaron en maña.
En estos trances, Zaza descubrió que otro natural le lanzaba los perros, y que su representación era más interesante que las famas de “el cevichero”. Así, comenzó a considerar menos necesario al Mellizo; decidió olvidarlo y encontrar arrimo en otro integrante de la tribu norteña.
Ese fue el momento de Hernández, conocido también como “el paisano”. Solo él intuyó qué su permanente ocio, sus artimañas y sus gritos ceñudos hacían una buena combinación y se lanzó a componer historias diversas. Sin embargo, lo que más gustaba era decir que como el buen cazador que era, había cazado una gran pantera; se refería a Zaza.
Sus paisas en pleno sabían que Hernández jamás había cazado nada. Sabían incluso que era un gran fanfarrón. Pero cuando Zaza mezclaba su imaginación con sus emociones, no podía contenerse y se rendía ante alguna extraña veracidad.
Así; se casaron y “el paisano” siguió disfrutando de esa mujer con las caderas mas carnosas de Lima; pero cada acción de Hernández comenzó a resultarle molesta, y Zaza decidió vengarse de ese petulante.

─ ¿Sabes lo que es la venganza de la gansa?, mi querido “Macho menos” –

Se hace preñar por Glicérido para ver si le nacía un hijo con los particulares artificios de “el paisano”. Glicérido era un ser ruin, que también se esforzaba en componer historias.
El nacimiento de Juan Enrique llenó de satisfacción a Hernández, y cuando jugaba felicísimo con el niño, acurrucándolo le modulaba: “mi hijito lindo, cuchi, cuchi”.
Zaza los miraba, y pensaba para sí misma:

─ “¡Sí, cojudo!” –

Emilio no supo más de ellos, un día desaparecieron, quizá se fueron a vivir a Miami, quizás decidió olvidarlo.

Quién no olvidará nunca es su querido “Macho menos” a quién Zaza trasmitió la enseñanza de LA VENGANZA DE LA GANZA.

2 Responses to La venganza de la gansa

  1. Es un cuento narrado como conversación que parece sacado de una historia de la vida real.

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